Los primeros hornos
Todo empezó con un horno de barro en un patio de Pasaje Monseñor D'Andrea y la costumbre familiar de amasar los domingos. Las primeras ventas fueron a vecinos y a dos almacenes del barrio, con pedidos anotados a mano.
El giro hacia lo artesanal
Con el tiempo dejamos las mezclas industriales y empezamos a trabajar con harinas de molinos chicos, manteca de tambos de la zona y huevos de campo. Ese cambio de insumos obligó a ajustar recetas y tiempos de fermentación.
La red de productores
Recorrimos ferias de Tucumán, Córdoba y Mendoza para conocer a quien produce. De ahí salieron acuerdos con queserías, apicultores y huertas familiares que hoy abastecen buena parte de nuestras elaboraciones.
Lo que sostiene el proyecto
No crecimos rápido ni sumamos líneas que no pudiéramos controlar. Preferimos mantener lotes chicos, registrar cada partida y explicar de dónde viene cada ingrediente antes que ampliar el catálogo sin criterio.